Mònica Muñoz (España)
1.- Síntesis
La rápida transformación tecnológica del turismo exige formación continua para mantener la competitividad profesional. La titulación universitaria ya no basta: las empresas requieren habilidades digitales, pensamiento crítico y capacidad de adaptación. Grandes cadenas, como Marriott y Meliá, invierten en aprendizaje permanente para actualizar competencias. El modelo educativo tradicional debe evolucionar hacia el lifelong learning, combinando tecnología y habilidades humanas. La digitalización impulsa nuevos perfiles, pero la hospitalidad sigue dependiendo de empatía y comunicación. En un mercado global, actualizarse es clave para la empleabilidad e innovación. La formación continua se convierte así en una actitud vital y en el verdadero pasaporte al futuro del turismo.
II.- Desarrollo
1.- Situación actual
En el actual escenario global del turismo, donde la innovación tecnológica hace que se estén redefiniendo constantemente los modelos de negocio y las expectativas de los viajeros, la formación continua se ha convertido en un requisito indispensable para quienes desean mantenerse competitivos. La titulación universitaria, ya no basta por sí sola. En un sector tan dinámico, la actualización constante de conocimientos y competencias es fundamental para garantizar la empleabilidad, la calidad del servicio y la sostenibilidad de las empresas turísticas.
2.- Un sector en transformación acelerada
El turismo ha sido históricamente uno de los sectores con más resiliencia y que más se ha adaptado a todos los cambios que surgen en este mundo tan cambiante. Sin embargo, en los últimos años, la velocidad de los cambios tecnológicos ha superado la capacidad de respuesta de muchos profesionales: plataformas digitales, inteligencia artificial, sistemas de gestión basados en datos, automatización del servicio, marketing experiencial y sostenibilidad tecnológica, son solo algunos de los conceptos que ya forman parte del vocabulario cotidiano en hoteles, agencias de viajes, aerolíneas y destinos turísticos.
Las grandes cadenas hoteleras lo han comprendido bien. Marriott International, por ejemplo, lanzó hace unos años su plataforma interna de aprendizaje Marriott Development Academy, destinada a actualizar las competencias digitales y de liderazgo de su personal en todo el mundo. Del mismo modo, Meliá Hotels International ha apostado por programas de formación continua en colaboración con universidades y escuelas de negocio para capacitar a sus empleados en gestión de datos, sostenibilidad y liderazgo digital. Estos ejemplos demuestran que la formación no es un gasto, sino una inversión estratégica.
3.- Del aula al aprendizaje permanente
El modelo educativo tradicional, centrado en una formación inicial que se completa al finalizar la carrera universitaria, ha quedado obsoleto. Los estudiantes de Turismo y Hotelería se gradúan con una sólida base teórica y práctica, pero el entorno laboral les exige una actualización constante. Las competencias que eran relevantes hace cinco años pueden haber quedado desfasadas frente a las demandas del mercado actual.
Hoy en día, las empresas turísticas valoran perfiles que combinan conocimiento técnico con habilidades digitales, capacidad de análisis y pensamiento crítico. La formación continua permite desarrollar esas competencias, adaptarlas y ampliarlas en función de los retos que plantea la industria. Cursos especializados en revenue management, marketing digital turístico, análisis de del costumer journey o la gestión sostenible de destinos, son cada vez más demandados por los profesionales que desean evolucionar en sus carreras.
En España, plataformas como SEGITTUR Academy o los programas de Formación Profesional Dual en Turismo de la Generalitat de Cataluña ofrecen ejemplos de cómo las instituciones públicas y privadas, así como las universidades pueden colaborar para crear itinerarios formativos adaptados a las nuevas necesidades del sector. Estas iniciativas fomentan el aprendizaje a lo largo de la vida (lifelong learning) y refuerzan la competitividad de los destinos.
4.- Tecnología y humanismo: el nuevo equilibrio
La digitalización está transformando la experiencia turística, pero no sustituye el valor humano del servicio. Los hoteles automatizan procesos de check-in, utilizan chatbots para atender consultas o implantan sistemas de inteligencia artificial para personalizar la oferta, pero la hospitalidad —la esencia del turismo— sigue dependiendo de la empatía, la comunicación y la capacidad de resolver problemas de forma creativa.
La formación continua debe, por tanto, mantener un equilibrio entre la actualización tecnológica y el fortalecimiento de las habilidades blandas (soft skills). Aprender a utilizar herramientas digitales es tan importante como saber comunicar eficazmente, trabajar en equipo o gestionar la diversidad cultural. El profesional del turismo del siglo XXI es híbrido: domina la tecnología sin perder el sentido humano del servicio.
Un ejemplo ilustrativo es el de NH Hotel Group, que ha impulsado el programa “Feel the Place”, combinando formación técnica en sostenibilidad y digitalización con módulos sobre liderazgo empático y atención al cliente multicultural. Esta visión integral de la formación refleja el futuro hacia el que se dirige el sector: un turismo más tecnológico, pero también más humano.
5.- La competencia global y el desafío de la empleabilidad
La competencia en el sector turístico es hoy global. Las oportunidades laborales ya no se limitan a un país o región, y los profesionales compiten con colegas de todo el mundo. Las empresas buscan talento con visión internacional, dominio de idiomas y capacidad para adaptarse a entornos digitales. En este contexto, la formación continua no solo mejora la empleabilidad, sino que también amplía horizontes profesionales.
Según el World Economic Forum (2024), más del 50% de los trabajadores del sector servicios necesitará actualizar sus competencias antes de 2027 debido a la automatización y a la irrupción de nuevas tecnologías. Ignorar esta tendencia supondría quedar fuera del mercado laboral o ver limitada la proyección profesional. En cambio, quienes apuestan por la formación continua logran diferenciarse, innovar y liderar la transformación del turismo.
6.- Formarse para innovar
Más allá de la necesidad de adaptarse, la formación continua es también una fuente de innovación. La creatividad surge del conocimiento y del intercambio de experiencias. Los programas de capacitación permanente favorecen la generación de ideas, la mejora de procesos y la creación de nuevos productos turísticos.
Los destinos inteligentes (Smart Destinations), por ejemplo, no podrían desarrollarse sin profesionales capaces de interpretar datos, gestionar herramientas digitales y diseñar estrategias sostenibles. Del mismo modo, la expansión del turismo gastronómico, del bienestar o de las experiencias personalizadas exige equipos formados en tendencias globales, marketing sensorial y gestión de la experiencia del cliente.
En este sentido, la colaboración entre universidades, instituciones públicas y empresas privadas resulta fundamental. Iniciativas como la Red Iberoamericana de Formación en Turismo (RIFT) o los programas de Turismo 4.0 impulsados por ONU Turismo son ejemplos inspiradores de cómo el aprendizaje colaborativo fortalece al sector.
7.- Conclusión: la formación como actitud vital
La formación continua no es solo un medio para mantener la empleabilidad: es una actitud ante la vida profesional. Implica curiosidad, compromiso y deseo de mejora constante. El turismo, más que cualquier otro sector, exige profesionales que comprendan el cambio, que lo anticipen y lo lideren.
En un mundo donde la tecnología redefine la forma de viajar, de gestionar y de comunicar, la formación continua es el verdadero pasaporte al futuro. Porque el conocimiento, al igual que el turismo, no tiene fronteras.