I.- Síntesis
El transporte aéreo es esencial para el turismo en América Latina y el Caribe, pero la infraestructura aeroportuaria enfrenta serios desafíos. Un informe del GDA (1) revela que muchos aeropuertos operan a un nivel que sobrepasa su capacidad, con accesos deficientes y procesos internos saturados. La experiencia y satisfacción del pasajero se ve afectada por largas y molestas demoras, congestión y servicios ineficientes. Se proyecta un crecimiento de pasajeros cercano al 40% al 2030, y las inversiones en infraestructura proyectadas resultan insuficientes, puesto que adicionalmente se requiere en forma urgente una modernización tecnológica, mejoras en conectividad terrestre y una gestión inteligente para convertir los aeropuertos en motores sostenibles del desarrollo turístico regional.
II.- Desarrollo
Problemas, desafíos y proyecciones de un sistema en crisis
El transporte aéreo comercial se ha transformado progresivamente en un factor de fundamental importancia en el funcionamiento de la industria turística. De acuerdo con ONU Turismo, en América Latina y el Caribe el 70% del turismo internacional se realiza por medio del transporte aéreo comercial, para lo cual la existencia, operación, funcionalidad y eficiencia de los aeropuertos tiene una importancia crucial, aspecto que no ha concitado aún el necesario interés de la academia y profesionales del sector.
El Grupo de Diarios América (GDA), consorcio periodístico que agrupa medios emblemáticos de la región, publicó recientemente un análisis comparativo sobre 11 aeropuertos clave de América Latina y el Caribe. Este informe ofrece una radiografía del estado actual de la infraestructura aeroportuaria,
Contexto regional: la aviación como motor de crecimiento
En los últimos años, los aeropuertos de América Latina y el Caribe han vivido una recuperación significativa del tráfico de pasajeros tras los efectos de la pandemia del COVID-19, con incrementos sostenidos en pasajeros y operaciones. La demanda de vuelos ha superado las previsiones para esta década, obligando a los terminales aéreos a operar más allá del límite de su capacidad y acelerando la necesidad de inversiones en infraestructura y gestión de servicios.

Como se puede observar en el gráfico, en el año 2024 se recuperó el nivel de pasajeros que habían utilizado los diferentes aeropuertos el año 2019, proyectándose en forma estimativa que el año 20230 serán alrededor de 1.000 millones de pasajeros, lo que significará un significativo y sorprendente aumento de alrededor de un 40% en el número de pasajeros que utilizaran los aeropuertos en los próximos 5 años, lo que seguramente podría generar serios y graves problemas para la aviación comercial y el turismo sino se implementan importantes y urgentes soluciones.
Infraestructura al límite: saturación y modernización pendiente
Sin duda, el crecimiento del tráfico aéreo ha superado la expansión de infraestructura en muchos aeropuertos, generando importantes dificultades y obstáculos, tanto en los accesos terrestres como en la gestión y operaciones aeroportuarias.
Estos casos reflejan que, a pesar de las inversiones efectuadas en modernos terminales, la calidad de la experiencia del pasajero se está deteriorando progresivamente, estando condicionada por factores de congestión, acceso, infraestructura complementaria y modernización operativa, aspectos que demandan sinergias entre gobiernos, concesionarios, autoridades aeroportuarias, compañías aéreas y organismos oficiales de turismo.
Brechas en la experiencia del pasajero
Se aprecia que uno de los problemas es la deficiencia en los accesos terrestres y la conectividad urbana como elementos clave en la competitividad aeroportuaria. La conectividad con transporte público eficiente —trenes, buses de alta frecuencia, servicios integrados— sigue siendo una asignatura pendiente en muchos sistemas aeroportuarios regionales, limitando y dificultando la accesibilidad y deteriorando la experiencia global del pasajero.
A su vez, la operación interna en los terminales de los aeropuertos se ha convertido para los usuarios en un proceso molesto y crítico, con largas y demorosas filas en aspectos tales como la atención en los mostradores de check-in de las compañías aéreas, en los controles de seguridad y migración, en el procedimiento de entrada y salida de los pasajeros de los aviones, y en el reclamo de equipaje. Estos aspectos se han vuelto indicadores cruciales en la operatividad aeroportuaria, en tanto impactan directamente en la experiencia, satisfacción y percepción del usuario y la eficiencia operativa.
La masificación y congestión creciente de los pasajeros que utilizan los aeropuertos y las dificultades y limitaciones descritas, están entorpeciendo y obstaculizando seriamente el desarrollo del transporte aéreo y el turismo, lo que está prolongando los viajes desde el punto de partida al punto de llegada, con demoras que pueden oscilar en total entre 4 a 6 horas adicionales al vuelo propiamente tal.
Conclusiones: balance entre crecimiento y calidad
La región enfrenta el desafío de equilibrar expansión, sostenibilidad, conectividad y calidad de servicio, demandas que requerirán inversiones coordinadas entre gobiernos, concesionarios y actores del sector aéreo. En este contexto, en varios países se han comenzado a planificar proyectos de expansión y construcción de nuevas terminales aéreas, que por los altos montos de inversión y por la demora de las obras de edificación, no serán suficiente para superar en los próximos años esta crítica y preocupante situación. Sin duda es esencial realizar adicionalmente significativas mejoras en los accesos terrestre a los aeropuertos y la adopción de tecnologías modernas, utilización de inteligencia artificial y estrategias modernas de gestión aeroportuaria, acciones que serán pilares indispensables para transformar a los aeropuertos latinoamericanos en verdaderos motores de desarrollo económico y turístico para las próximas décadas.Ademas es fundamental que la expansión aeroportuaria en la región incorpore criterios de sostenibilidad ambiental y eficiencia operativa. Aeropuertos internacionales que han adoptado programas de acreditación de carbono y prácticas sostenibles están mejor posicionados para responder a las demandas globales y regionales, reduciendo huellas de carbono y mejorando la competitividad a largo plazo.